Una de las preguntas más frecuentes en maquillaje permanente es: ¿Qué dispositivo de PMU ofrece los mejores resultados cicatrizados?
La propia pregunta presupone que el resultado una vez cicatrizado viene determinado por la máquina. No es así.
La cicatrización es un proceso biológico en el que influyen muchas variables:
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la técnica de implantación,
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la profundidad de trabajo,
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el número de pasadas,
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la forma de tensar la piel,
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las características del tejido,
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el tipo y la composición del pigmento,
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la calidad y el diseño del cartucho,
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los cuidados posteriores,
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la respuesta individual de cicatrización de cada clienta.
La máquina es uno de los componentes de este sistema. No puede garantizar un resultado cicatrizado ni sustituir la destreza del artista. Sin embargo, es la herramienta que impulsa la aguja en cada punción. La estabilidad y la forma en que ejecuta este movimiento influyen en las condiciones en las que el artista implanta el pigmento.
Por eso, una máquina no debe evaluarse únicamente por su aspecto ni por cómo se comporta «en el aire». Es mucho más importante observar cómo se comporta el sistema completo bajo carga, en contacto con un tejido vivo y cambiante.
El resultado cicatrizado no se crea únicamente después del procedimiento
El proceso biológico de cicatrización continúa una vez finalizada la pigmentación. Sin embargo, las condiciones en las que cicatrizará el tejido empiezan a crearse durante el propio procedimiento. Cada entrada de la aguja en la piel le transfiere energía mecánica. Parte de esa energía es necesaria para que la aguja pueda vencer la resistencia del tejido e introducir el pigmento.
Sin embargo, si el tejido se somete a más punciones, más presión o más pasadas de las que requiere una implantación eficaz, también aumenta el grado de alteración mecánica que el organismo tendrá que gestionar durante la cicatrización. Por tanto, el objetivo no es únicamente depositar pigmento en la piel. El objetivo es lograr la implantación prevista con una alteración tisular lo más limitada y controlada posible.
Esta diferencia es fundamental.
Cada resultado es la suma de miles de interacciones individuales
Cuando hablamos de maquillaje permanente, solemos referirnos a unas cejas, unos labios o un delineado completos.
Sin embargo, desde el punto de vista mecánico, cada procedimiento se compone de miles de interacciones individuales entre la aguja, el pigmento y el tejido.
Cada punción puede ser distinta. La aguja puede encontrar un nivel de resistencia diferente y el tejido puede deformarse, desplazarse y responder a la energía aplicada en distinta medida.
Una diferencia aislada puede parecer irrelevante. Pero si se repite miles de veces durante un mismo procedimiento, empieza a tener importancia.
El resultado final es el efecto acumulado de todas esas interacciones.
Este se convirtió en uno de los principios fundamentales durante el desarrollo de ME™.
En lugar de analizar el procedimiento únicamente como un todo, nos centramos en el comportamiento de un solo movimiento de la aguja, porque cada mejora de ese movimiento, repetida miles de veces, puede influir en el desarrollo del procedimiento completo.
Las especificaciones describen el dispositivo. No describen todo el proceso de implantación.
La mayoría de las máquinas de PMU se comparan a partir de varios parámetros:
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voltaje,
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RPM,
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frecuencia,
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longitud de recorrido,
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tipo de motor,
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capacidad de la batería.
Todos estos parámetros son importantes. Sin embargo, ninguno funciona de forma independiente del resto de los elementos de diseño.
Una misma longitud de recorrido puede comportarse de forma diferente en dos máquinas distintas. Un mismo voltaje no implica la misma velocidad, la misma forma de entregar la energía ni el mismo comportamiento bajo carga. Un valor de RPM similar no describe la estabilidad del movimiento de la aguja una vez que entra en el tejido.
El resultado depende de la interacción de todo el sistema:
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el motor,
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el sistema mecánico,
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el mecanismo de transmisión del movimiento,
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el sistema de control,
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el software,
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la alimentación eléctrica,
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el diseño del cartucho,
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la aguja,
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la mano del artista.
Por eso, un único valor de la ficha técnica no indica todavía cómo trabajará el dispositivo en la piel.
¿Qué ocurre cuando la aguja encuentra resistencia?
Una aguja que se mueve libremente en el aire trabaja en condiciones diferentes a una aguja que entra en tejido vivo.
Una vez iniciada la implantación, la resistencia cambia casi de forma continua. Entre los factores que influyen en ella se encuentran:
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la elasticidad de la piel,
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su grosor y densidad,
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el grado de hidratación,
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la vascularización,
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la fibrosis y las cicatrices,
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la edad de la clienta,
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la zona tratada,
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los procedimientos anteriores y la presencia de rellenos,
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la forma de tensar el tejido,
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el diseño del cartucho utilizado.
Los labios con relleno pueden comportarse de forma distinta a los labios naturales. La piel madura responde de otra manera que la piel joven. Un tejido fino, elástico y muy vascularizado presenta exigencias diferentes a una piel densa o fibrosa.
Por tanto, la máquina no trabaja en condiciones de laboratorio constantes. Funciona dentro de un sistema biológico dinámico.
Si el sistema de accionamiento no mantiene un comportamiento estable frente a una resistencia cambiante, el movimiento real de la aguja puede diferir de lo que espera el artista. Entonces, el artista empieza a compensar el comportamiento del dispositivo: modifica la presión, ralentiza el movimiento de la mano, aumenta el número de pasadas o vuelve repetidamente sobre la misma zona.
Cada una de estas compensaciones puede aumentar el número de variables durante el procedimiento.
Por eso, la pregunta de ingeniería adecuada no es:
¿A qué velocidad mueve la máquina la aguja en el aire?
Debería ser: ¿Con qué grado de previsibilidad guía el sistema la aguja cuando encuentra la resistencia cambiante del tejido vivo?
Esta pregunta no puede responderse únicamente a partir de las RPM, el voltaje o la longitud de recorrido.
El color visible inmediatamente después del procedimiento puede resultar engañoso
Inmediatamente después del procedimiento, el pigmento es visible tanto en la superficie como en el tejido alterado. Puede ir acompañado de enrojecimiento, inflamación, linfa y otros elementos de la respuesta temporal posterior al tratamiento.
Esto crea la impresión de un color intenso y uniforme.
Sin embargo, no significa automáticamente que ese mismo resultado vaya a permanecer una vez cicatrizado.
Parte del pigmento visible se eliminará durante la regeneración natural de las capas superficiales de la piel. Otra parte puede perderse durante el proceso de cicatrización. También disminuirá la respuesta inflamatoria, que inmediatamente después del procedimiento influye en el aspecto tanto del color como del tejido.
Solo después de la cicatrización se pueden valorar:
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la retención real del pigmento,
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la uniformidad de la implantación,
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la saturación,
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la estabilidad de la forma,
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la respuesta del tejido,
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la necesidad de realizar un retoque.
Por eso, el resultado inmediatamente posterior al procedimiento y el resultado cicatrizado no son lo mismo.
Más pasadas no siempre significan una mayor retención
Una idea errónea frecuente en PMU es creer que las pasadas adicionales aumentarán automáticamente la cantidad de pigmento que permanece en la piel.
Sin embargo, cada pasada adicional implica una nueva serie de punciones y una carga adicional para el tejido.
Si el pigmento no se está implantando como se pretende, la solución no siempre consiste en volver a pasar por la misma zona. Primero es necesario identificar la causa:
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una profundidad incorrecta,
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un ángulo de trabajo inadecuado,
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una tensión insuficiente de la piel,
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una velocidad de la mano mal elegida,
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una configuración de aguja inadecuada,
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un problema con el cartucho,
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unos ajustes que no están correctamente adaptados,
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un comportamiento inestable del dispositivo bajo carga.
El objetivo no es maximizar el número de pasadas.
El objetivo es aumentar la eficacia de cada movimiento ejecutado manteniendo el control sobre el tejido.
La implantación y el daño tisular no son lo mismo. Se pueden realizar muchos movimientos y aun así no lograr una implantación correcta. También se puede alterar excesivamente el tejido sin obtener una mejora proporcional de la retención.
¿Por qué la respuesta del tejido se convirtió en un objetivo de ingeniería?
Durante el desarrollo de ME™, volvimos una y otra vez a una misma pregunta:
¿Por qué los procedimientos realizados por artistas experimentados pueden cicatrizar de forma diferente, aunque se utilicen técnicas similares y los mismos pigmentos?
No existe una única respuesta. El tejido de cada clienta es diferente y el resultado depende de muchos factores.
Sin embargo, esta pregunta desplazó nuestra atención de las especificaciones individuales al comportamiento del sistema completo.
Empezamos a analizar:
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cómo se comporta la aguja bajo carga,
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cómo responde el sistema a los cambios de resistencia,
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cómo se transfiere la energía mecánica al tejido,
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hasta qué punto el movimiento se mantiene repetible durante todo el procedimiento,
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cuándo empieza el artista a compensar el comportamiento de la máquina,
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cómo influyen las distintas configuraciones en la respuesta de diferentes tipos de tejido.
La cicatrización no era algo que quisiéramos evaluar únicamente después de haber diseñado el dispositivo.
Las condiciones creadas en el tejido durante el procedimiento se convirtieron en uno de los factores que influyeron en el propio proceso de desarrollo.
La máxima potencia nunca fue el objetivo
Una mayor potencia no implica automáticamente una implantación más eficaz.
El tejido vivo no responde a una cifra incluida en una ficha técnica. Responde al movimiento real de la aguja, al tiempo de contacto, a la forma en que se vence la resistencia y a la cantidad de energía transferida en cada punción.
Un sistema demasiado débil puede obligar al artista a compensar su funcionamiento. Por el contrario, un comportamiento demasiado agresivo puede aumentar el riesgo de una alteración tisular innecesaria.
Por tanto, el objetivo no es alcanzar la máxima potencia.
El objetivo es aplicar una energía debidamente controlada y conseguir un comportamiento previsible de la aguja en condiciones reales de trabajo.
Por este motivo, durante el desarrollo de ME™ no nos centramos en alcanzar las RPM más altas ni el mayor valor nominal.
Nos centramos en cómo se comporta el dispositivo en la piel.
La ingeniería no sustituye a la técnica
Ninguna máquina puede compensar:
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una profundidad incorrecta,
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una tensión inadecuada de la piel,
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un ángulo de trabajo incorrecto,
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una configuración de aguja mal elegida,
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una presión excesiva,
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una valoración incorrecta del tejido,
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la falta de experiencia del artista.
La tecnología no sustituye el conocimiento ni la formación.
Su función es otra.
La máquina convierte el movimiento de la mano del artista en el movimiento de la aguja. Es una prolongación de la mano y una de las herramientas más importantes utilizadas durante el procedimiento.
Elegir un dispositivo únicamente porque tiene buen aspecto, es económico o «al fin y al cabo solo mueve la aguja hacia arriba y hacia abajo» pasa por alto las preguntas más importantes:
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cómo se comporta la máquina bajo carga,
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cómo responde a una resistencia cambiante,
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con qué estabilidad reproduce el movimiento previsto,
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cuánta compensación exige al artista,
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cómo funciona con diferentes cartuchos,
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cómo influye en la forma de trabajar con distintos tipos de tejido.
Estas diferencias no siempre pueden apreciarse en una fotografía ni encontrarse en una ficha técnica.
Sin embargo, pueden sentirse durante el trabajo y observarse en la respuesta del tejido.
Entonces, ¿qué pregunta deberíamos formular?
No: ¿Qué máquina ofrece los mejores resultados cicatrizados?
Es mejor preguntar: ¿Qué máquina me permite trasladar mi técnica con la máxima precisión a un trabajo controlado y repetible en el tejido?
Un buen dispositivo no garantiza una cicatrización perfecta.
Sin embargo, puede reducir el número de variables innecesarias. Puede requerir menos compensación, mantener un comportamiento más estable bajo carga y crear mejores condiciones para aplicar una técnica correcta.
Una ingeniería previsible no sustituye la experiencia, la correcta valoración de la piel ni un procedimiento bien ejecutado.
Pero sí crea mejores condiciones para que una buena técnica pueda producir resultados más uniformes.
La máquina no crea por sí sola el resultado cicatrizado. Pero la forma en que ejecuta cada punción influye en el procedimiento en su conjunto.






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